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Ma. Eugenia Logroño4 enero, 201814min540

Aunque se estima que los más delicados no se conocerán hasta dentro de seis meses, entre los 2.891 documentos sobre el asesinato de John F. Kennedy que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, hizo públicos por primera vez, hay varias perlas sobre espionaje y conspiraciones en los momentos más agudos de la Guerra Fría.

Un equipo de periodistas de The Washington Post —Michael E. Miller, Ian Shapira, Michael E. Ruane, Michael S. Rosenwald, Tom Jackman, Rachel Weiner, Devlin Barrett y Greg Miller, entre ellos— revisó las miles de páginas publicadas en los Archivos Nacionales y encontró informaciones increíbles.

USD 100.000 para matar a Fidel Castro

Un memorándum de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) describe un encuentro entre exiliados cubanos que intentaron ponerle precio a la cabeza de Fidel y Raúl Castro y Ernesto Che Guevara en 1964. Pero la cifra de USD 150.000 (más USD 5.000 para gastos) por el líder de la Revolución Cubana les pareció demasiado alta.

En una reunión siguiente, las cuentas se moderaron a USD 100.000 por Fidel Castro y USD 20.000 por Raúl Castro y Guevara, cada uno.

Foto: InfoBae

Una rebaja importante: ¿USD 2 centavos por Fidel Castro?

Un plan del Pentágono, la Operación Bounty, imaginó el derrocamiento del gobierno cubano. Según otro documento, en ese escenario se pagaría una recompensa por “matar o entregar con vida a comunistas reconocidos”. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) iba a arrojar volantes con la información, y los cubanos debían: 1) conservar uno para presentarlo con 2) prueba “concluyente” de la muerte de una persona y 3) el carnet partidario de esa persona.

Aunque por un funcionario alto se pagaría hasta USD 100.000 y por un director de departamento hasta USD 57.500, la cifra de la cabeza de Fidel Castro se reduciría al honor simbólico de USD 2 centavos.

Foto: InfoBae

Tras los pasos de Kitty, la stripper 

En la investigación de Jack Ruby, el dueño de un nightclub en Dallas que disparó a Lee Harvey Oswald el 24 de noviembre de 1963, a dos días del magnicidio de JFK, el FBI intentó ubicar a una de sus amigas, la stripper Kitty, cuyo apellido se desconocía, según un archivo. La pista se perdió en Nueva Orleans, donde se había suicidado meses antes Kitty Raville, y donde vivía Kitty DeVille, quien ya no trabajaba como stripper.

No, Fidel Castro no mató a JFK

Un borrador del informe de Comité sobre Asesinatos de la Cámara de Representantes exculpó a Fidel Castro de cualquier vínculo con el magnicidio en Dallas, el 22 de noviembre de 1963. “El Comité no cree que Castro haya asesinado al presidente Kennedy, porque semejante acto, si se descubriera, le hubiera otorgado a los Estados Unidos la excusa para destruir a Cuba. El riesgo no hubiera valido la pena”, dice.

¿Lyndon B. Johnson fue miembro del Ku Klux Klan?

Un memo interno del FBI fechado en mayo de 1964 citó a un informante que aseguró tener “documentos que prueban que el presidente Johnson fue un miembro del KKK en Texas al inicio de su carrera política”. Sin embargo, no muestra la presunta evidencia.

Los complots de la CIA para matar a Fidel Castro

Según un famoso documental de BBC, 638 maneras de matar a Castro, la inteligencia de los Estados Unidos hizo cientos de intentos, de los serios a los delirantes, para eliminar al líder cubano. Uno de los documentos desclasificados alude a uno de ellos: el traje de buceo contaminado que el abogado James B. Donavan —retratado por Steven Spielberg en su película El puente de los espías— debía regalarle a Castro durante su negociación de la libertad de los detenidos tras la invasión en Bahía de Cochinos.

“Se sabía que a Fidel Castro le gustaba bucear”, dice el texto. “El plan de la CIA era espolvorear el interior del traje con el hongo causante de micetoma, una enfermedad cutánea crónica e incapacitante, y con el bacilo de la tuberculosis el equipo respiratorio”. Pero Donovan no se prestó, y le regaló a Castro un traje de buceo limpio.

También se cita la búsqueda fallida de un molusco caribeño con caparazón lo suficientemente grande como para cargar explosivos que volaran a Castro en el mar y la lapicera con una aguja hipodérmica que hubiera permitido a un cubano reclutado por la CIA inyectar veneno a Castro (pero el agente se negó porque hubiera implicado estar demasiado cerca de su objetivo).

Foto: InfoBae

Listas negras en Hollywood

Muchos de los documentos cubren las dos décadas anteriores a la muerte de Kennedy: los que revelan los esfuerzos del FBI contra los sospechosos de comunismo en los Estados Unidos. Se menciona, por ejemplo, el intento fallido de instalar micrófonos para escuchas ilegales en la casa del guionista John Howard Lawson, sospechoso de ser miembro del Partido Comunista en California y uno de los primeros profesionales del cine proscripto, entre “los 10 de Hollywood”.

Un Partido Comunista sobre ruedas

Otros de esos documentos muestran que durante años el FBI siguió de cerca las reuniones del Partido Comunista en Dallas: el grupo político era tan pequeño —cinco o seis personas— que muchas veces las reuniones se realizaban dentro de un automóvil.

Foto: Infobae

Roces entre el FBI y la CIA

Como parte de la competencia histórica entre las agencias de seguridad, los documentos citan al famoso director del FBI J. Edgar Hoover: “Cada vez le decimos más a la CIA sobre nuestras operaciones internas, siempre en nuestro perjuicio. Quiero que esto se termine”, se quejó.

Castro se cae en cuestión de semanas

Muchos de los documentos muestran que el FBI intentó disuadir a los grupos anticastristas de Miami, entre ellos el de Orlando Bosch, de intentar invasiones armadas a la isla. Uno de ellos, de 1959, explica que “la situación es tan mala en Cuba que bien puede suceder una contrarrevolución interior”. Un informante aludió a la competencia entre distintos exilados por reemplazar a Fidel Castro, quien “no puede durar más de dos meses”.

Foto: Infobae

Entonces, ¿Lee Harvey Oswald era de la CIA?

Entre los archivos se encuentra la declaración que en 1975 Richard Helms, ex director de la CIA, dio a la Comisión Presidencial sobre Actividades de la CIA. Uno de los abogados del grupo, David Bellin, le preguntó a Helms:

—La última parte de mi investigación tiene que ver con las acusaciones de que la CIA estuvo involucrada de alguna manera conspirativa con el asesinato del presidente Kennedy. En tiempos de la Comisión Warren, usted era Vicedirector de Planes, ¿correcto?

—Eso creo —respondió Belin.

—¿Existe alguna información vinculada al asesinato del presidente Kennedy que de alguna manera muestre que Lee Harvey Oswald era de alguna forma un agente de la CIA o un agente… —pregunta Bellin, y allí se corta el documento.

Redacción InfoBae


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Ma. Eugenia Logroño3 enero, 20185min490

Entre los 2.891 documentos sobre el asesinato de John F. Kennedy que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo públicos por primera vez, hay varios datos que revelan conspiraciones y espionajes.

Aunque Trump dio marcha atrás y decidió postergar la publicación de “archivos sensibles”, la información que se llegó a difundir hasta este jueves, sirvió para que un equipo de periodistas de The Washington Post encontrara información desconocida hasta el momento.

Recompensa para matar a Fidel Castro

Un memorándum de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) describe un encuentro entre exiliados cubanos que intentaron ponerle precio a la cabeza de Fidel y Raúl Castro y Ernesto Che Guevara en 1964. Pero la cifra de US$ 150.000 (más US$ 5.000 para gastos) por el líder de la Revolución Cubana les pareció demasiado alta.

En una reunión siguiente, las cuentas se moderaron a US$ 100.000 por Fidel Castro y US$ 20.000 por Raúl Castro y Guevara.

Siguiendo a una stripper

En la investigación de Jack Ruby, el dueño de un nightclub en Dallas que disparó a Lee Harvey Oswald el 24 de noviembre de 1963, a dos días del asesinato de JFK, el FBI intentó ubicar a una de sus amigas, la stripper Kitty, cuyo apellido se desconocía. La pista se perdió en Nueva Orleans, donde se había suicidado meses antes Kitty Raville.

¿Lyndon B. Johnson fue miembro del Ku Klux Klan?

Un documento del FBI de mayo de 1964 citó a un informante que aseguró tener “documentos que prueban que el presidente Johnson fue un miembro del KKK en Texas al inicio de su carrera política”. Sin embargo, no muestra la presunta evidencia.

Listas negras en Hollywood

Muchos de los documentos cubren las dos décadas anteriores a la muerte de Kennedy: los que revelan los esfuerzos del FBI contra los sospechosos de comunismo en los Estados Unidos. Se menciona, por ejemplo, el intento fallido de instalar micrófonos para escuchas ilegales en la casa del guionista John Howard Lawson, sospechoso de ser miembro del Partido Comunista en California y uno de los primeros profesionales del cine proscripto, entre “los 10 de Hollywood”.

Los complots para matar a Fidel Castro

Uno de los documentos desclasificados alude a un traje de buceo contaminado que el abogado James B. Donavan —retratado por Steven Spielberg en su película El puente de los espías— debía regalarle a Fidel Castro durante su negociación de la libertad de los detenidos tras la invasión en Bahía de Cochinos.

“Se sabía que a Fidel Castro le gustaba bucear”, dice el texto. “El plan de la CIA era espolvorear el interior del traje con el hongo causante de micetoma, una enfermedad cutánea crónica e incapacitante, y con el bacilo de la tuberculosis el equipo respiratorio”. Pero Donovan no accedió, y le regaló a Castro un traje de buceo limpio.

También se cita la búsqueda fallida de un molusco caribeño con caparazón lo suficientemente grande como para cargar explosivos que volaran a Castro en el mar y la lapicera con una aguja hipodérmica que hubiera permitido a un cubano reclutado por la CIA inyectar veneno a Castro.

Redacción El Observador 


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Mayra Soria17 noviembre, 20171min950

El Archivo Nacional de EE.UU. ha publicado 10.744 documentos del FBI, nunca revelados hasta ahora, relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963. Se trata de la quinta publicación de registros vinculados al magnicidio en lo que va de año.

Descarga de archivos

La nueva tanda de expedientes desclasificados forma parte de un programa continuo incluido en una ley del Congreso de EE.UU. que exige que todo el material, relacionado con el atentado contra el mandatario estadounidense en noviembre de 1963 sean publicados antes del 26 de abril de 2018.

El Archivo Nacional ya ha hecho público más de 31.000 expedientes sobre este suceso histórico.

Más información, en breve.

Redacción RT


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Mayra Soria29 octubre, 20175min500

El País._ Saldrá todo a la luz. El presidente Donald Trump ha decidido despejar las últimas dudas y ha anunciado que ningún documento secreto sobre el asesinato de John F. Kennedy quedará sin publicar. Su objetivo es garantizar la “transparencia y acabar con las teorías de la conspiración”. La medida, dada a conocer por Twitter en su habitual estilo bombástico, establece como única limitación los datos que permitan identificar a agentes y colaboradores de los servicios de inteligencia que aún sigan vivos y corran peligro.

https://twitter.com/realDonaldTrump/status/924382514613030912

El pasado jueves expiró la ley que desde 1992 protegía 3.200 documentos secretos vinculados al caso. En un gesto que fue interpretado como una cesión a las peticiones de la CIA, Trump autorizó la liberación de 2.891 informes confidenciales, pero impidió que otros 200 vieran la luz ese día. No era un veto, sino una postergación.

Considerados como el núcleo oscuro de la investigación, los expedientes que no habían sido desclasificados iban a ser sometidos a evaluación y se tenían que publicar antes del 27 de abril. La única excepción eran aquellos que supusieran un riesgo para la seguridad nacional. Esta última restricción, que había dado pábulo a todo tipo de especulaciones, es la que ahora se ha levantado. Finalmente, todos los papeles serán accesibles, aunque algunos vendrán censurados para evitar dar el nombre y la localización de fuentes aún vivas de la CIA.

Los expertos han señalado que no se espera ninguna bomba de esta desclasificación. De hecho, los documentos que han emergido hasta ahora no han aportado ningún cambio de calado a las conclusiones de la Comisión Warren. El magnicidio, cometido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas), fue atribuido oficialmente a Lee Harvey Oswald, un marine desertor que había llegado a vivir en la Unión Soviética.

Pero la propia naturaleza del crimen y la muerte de su autor a manos del mafioso Jack Ruby a los días de su detención han abonado a lo largo de los años infinitas teorías conspiratorias. Ninguna ha sido confirmada, pero lo que sí ha sido puesto en duda permanente es el papel jugado por los servicios de inteligencia. No solo por su fracaso a la hora de proteger al presidente de Estados Unidos sino porque Oswald jamás fue un desconocido para ellos. Por el contrario, se trataba de un elemento, desequilibrado y violento, sometido a intensos seguimientos y cuyo viaje a México un mes antes del crimen para pedir visado a la URSS era bien conocido por la CIA.

La conducta de las agencias y el grado de conocimiento que tenían de las andanzas de Oswald son precisamente uno de los puntos calientes de los informes. Aunque repletos de chatarra informativa y memoriales desfasados, los expedientes que esta semana han visto la luz ofrecen una privilegiada visión del interior de los servicios secretos y, paradójicamente, muestran que quienes más firmemente pensaban que el magnicidio era fruto de un complot de los poderes fácticos americanos fueron los principales sospechosos: los soviéticos y cubanos.

Redacción El País


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Mayra Soria28 octubre, 20179min700

El País._ Las sombras se resisten a abandonar el crimen que hizo temblar el Siglo XX americano. La liberación de 2.891 informes secretos sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy está destinada a ahondar las incógnitas. No sólo porque aún se mantienen ocultos 200 documentos considerados demasiado sensibles para la seguridad nacional, sino porque los expedientes sacados a la luz destapan las contradicciones del tenebroso mundo de los servicios de inteligencia. Un viaje turbio y subterráneo donde, entre mucha chatarra informativa y memoriales desfasados, figuran las obsesiones de una época: el odio a Fidel Castro, la política de bloques, la extraña vida del magnicida y las sospechas de una conspiración.

La URSS creía en la teoría de la conspiración

La muerte de Kennedy el 22 de noviembre de 1963 puso en guardia los comunistas americanos y a los propios soviéticos. El asesino, el exmarine Lee Harvey Oswald, había vivido en la URSS y profesaba el credo marxista-leninista. Por ello, nada más se conoció el atentado se aprestaron a mostrar su repudio. No bastó. Durante años, los servicios de inteligencia estadounidenses sondearon en aguas comunistas en busca de algún indicio. Uno de los puntos más escrutados fue la Embajada de Cuba en México. Allí se había dirigido Oswald, 54 días antes del magnicidio, en busca de un visado para la URSS. Un espía estadounidense en la legación cubana, el prolífico Litamil 9, despejó muchas dudas al describir la preocupación que el atentado generó entre el personal y el rechazo que el estadounidense había inspirado en todos ellos.

Fidel Castro y el líder soviético Nikita Khruschev. AP

Esto tranquilizó a EE UU, pero no a los rusos. En aquellos años confusos, la rueda de la sospecha giró de tal modo que al final fueron los propios soviéticos quienes empezaron a poner en duda la versión oficial estadounidense. Un memorándum clasificado como alto secreto y fechado el 1 de diciembre de 1966 establece: “De acuerdo con nuestra fuente, los altos cargos del Partido Comunista de la Unión Soviética creen que se trató de una conspiración bien organizada por la ultraderecha de Estados Unidos para dar un golpe. Están convencidos de que el asesinato no fue la obra de un solo hombre sino de un cuidadoso operativo”.

En esta línea, el informe recoge el miedo de Moscú a que el crimen fuese utilizado para ahondar “los sentimientos anticomunistas en EE UU, cerrar las negociaciones con la URSS, atacar a Cuba y desencadenar una guerra”. Para apuntalar esta tesis, Moscú consideraba a Oswald un “maniaco neurótico desleal a su país y a cualquier cosa”. Un desertor que en su estancia en la URSS ni siquiera había sido reclutado por la inteligencia soviética.

Esa fue de hecho la impresión que dio a los agentes del KGB que le habían recibido en la Embajada rusa en Méxicoun mes antes del atentado. “Me reuní con Oswald cuando vino a buscar la forma de ir a la URSS. Él no pudo ser el ejecutor material del asesinato. Es imposible. Era un hombre desgastado, extremadamente flaco y pobremente vestido. Le temblaba todo, de las manos a los pies. Ni siquiera le pude estrechar la mano”, declaró este viernes a Efe Nikolai Leónov, quien posteriormente fue subdirector del KGB.

Matar a Castro

Muerto. EE UU lo quería muerto y enterrado. En la época del magnicidio, Fidel Castro era la pesadilla de los servicios de inteligencia. Los planes para liquidarlo se multiplicaron y ocuparon una parte considerable de las posteriores investigaciones. No sólo por la adhesión de Oswald a la causa comunista, sino por la sospecha de que el asesinato de Kennedy hubiese podido deberse a una respuesta de La Habana o Moscú a las intentonas americanas para acabar con Fidel.

Lee Harvey Oswald, tras su detención.
Lee Harvey Oswald, tras su detención

Entre los planes descritos en los informes figura un operativo (ya conocido) diseñado con apoyo del mafioso Sam Giancana para acabar con Castro mediante la bacteria del botulismo. Dos veces fracasó esta trama. Una por el temor del agente que recibió las pastillas con el tóxico y otra porque Castro dejó de acudir al restaurante donde le esperaba el camarero que debía verter las bacterias en su comida.

Otro proyecto, que no pasó de la fase larval, consistía en aprovechar la afición de Castro al submarinismo para regalarle un equipo de buceo contaminado de hongos y bacilos de la tuberculosis. Tampoco llegó muy lejos la descabellada idea de suministrar a un infiltrado un bolígrafo-bala. El mismo espía lo vio imposible, dada la escolta que acompañaba a Castro, y pidió armas convencionales. Nunca fueron utilizadas.

El aviso desoído del FBI

Oswald siempre será una incógnita. Su muerte a manos del mafioso Jack Ruby es el principal puntal de las teorías de la conspiración. Entre los papeles liberados hay uno destinado a hacer las delicias de los amantes de las sombras. Un informe secreto del legendario director del FBI, J. Edgar Hoover, en el que señala que su agencia avisó del riesgo de asesinato de Oswald. Escrito el 24 de noviembre de 1963, el mismo día en que el magnicida fue liquidado, Hoover recuerda: “La noche pasada recibimos una llamada en nuestra oficina de Dallas de un hombre que, hablando con voz calmada, dijo que era un miembro de un comité organizado para matar a Oswald. Lo notificamos al jefe de la estación policial y este nos aseguró que Oswald tendría suficiente protección. Esa mañana llamamos otra vez avisándole de la posibilidad de alguna tentativa contra Oswald y nos volvió asegurar que le sería dada la protección adecuada. Sin embargo, esto no ocurrió”.

Redacción El País


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Mayra Soria27 octubre, 20176min550

La desclasificación de documentos sobre el asesinato de John F. Kennedy se produce en un momento político “muy interesante” y “simbólico”, escribe el analista del diario ‘Vzgliad’ Piotr Akópov, quien explica por qué “es beneficioso” para Trump recordar las circunstancias de este suceso ahora.

  • Los detalles que podrían esclarecer el misterio del asesinato de John F. Kennedy están ahora a la vista de todos, luego de que este 26 de octubre fueran desclasificados 2.891 expedientes de la CIA y el FBI sobre el atentado contra el presidente estadounidense en noviembre de 1963.
  • Este plazo de publicación de los archivos fue establecido por el Congreso bajo una ley firmada por el presidente George Bush en 1992 para tratar de calmar las teorías de conspiración en torno al asesinato de Kennedy, atribuido a Lee Harvey Oswald en solitario.

Contra las élites

En primer lugar, señala Akópov, el asesinato de Kennedy sigue siendo uno de los temas más populares en EE.UU., y al desclasificar los archivos secretos, Trump se muestra como una persona “que derriba los secretos y expone a las élites“, es decir, tal y como se presentó cuando anunció su intención de convertirse en presidente. De esta manera, el mandatario recibiría apoyo adicional de aquellos estadounidenses que están en contra de las élites y de sus posibles conspiraciones, que consisten, entre otras cosas, en ocultar los crímenes del pasado.

Contra los servicios especiales

En segundo lugar, al revelar los documentos a pesar de la supuesta oposición por parte de los servicios secretos de EE.UU., Trump demuestra a la sociedad que no depende de ellos, especialmente en una situación en la que al menos parte de la comunidad secreta está involucrada en una “guerra” contra el presidente, en una “operación especial para desacreditarlo”, sostiene el analista. Akópov ve en ello otro paralelismo con el caso Kennedy, pues según algunas versiones, las agencias de Inteligencia estadounidenses estuvieron involucradas en el asesinato del mandatario demócrata.

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John F. Kennedy | Foto: Tampa Bay Times / www.globallookpress.com

“Una enorme huella rusa”

Finalmente, el paralelo “principal y el más ventajoso” para Trump entre los eventos actuales y el asesinato de Kennedy es “una enorme huella rusa” en este último. Y es que Lee Harvey Oswald vivió casi tres años en la URSS, de donde regresó solo un año y medio antes del asesinato junto con su esposa rusa e hija. Tenía puntos de vista procomunistas e incluso hablaba ruso. A pesar de todo ello, la versión sobre la participación de Moscú no recibió ninguna atención seria ni en 1963, ni después.

Pero si en 1963 ni el pasado ruso de Oswald se convirtió en un pretexto “para la histeria antisoviética y la atribución del asesinato a la URSS”, ¿por qué ahora se empeña tanto en buscar la huella rusa en la victoria de Trump, aunque no haya evidencia directa ni indirecta?, se pregunta el experto.

El absurdo de la ‘huella rusa’ en las elecciones de EE.UU. se vuelve “aún más notable” en el contexto del asesinato de Kennedy, y el mandatario quiere hacer que los estadounidenses lo vean “lo más claramente posible”, asegura Akópov, quien destaca también la similitud entre ambos presidentes, que tenían un gran número de oponentes en el ‘establishment’.

Redacción RT


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Mayra Soria27 octubre, 20178min560

El presidente Donald Trump cedió al final ante la CIA. La esperada liberación de los papeles secretos del asesinato de John F. Kennedy no fue completa. La Casa Blanca autorizó la publicación de 2.891 informes confidenciales, pero impidió que otros 200 vieran la luz. Considerados el núcleo oscuro de las pesquisas, estos expedientes serán sometidos a evaluación en los próximos seis meses y, excepto aquellos que supongan un riesgo para la seguridad nacional, se harán públicos antes del 27 de abril. 54 años después, las sombras se resisten a abandonar el crimen que hizo temblar el siglo XX americano.


El País._ Estados Unidos aguardaba con ansiedad la liberación de todos los informes confidenciales. La ley de 1992 que los protegía expiraba este jueves y el mismo presidente había anunciado que se permitiría su publicación. Pero se sabía que la CIA estaba presionando para limitar su salida y censurarlos ahí donde viese en peligro sus intereses. Finalmente, logró su objetivo.

“He ordenado que se levante el veto sobre los documentos, pero dadas las advertencias de los responsables de inteligencia, no tengo más remedio que aceptar ciertas condiciones antes que causar un daño irreversible a la seguridad de la nación”, señaló Trump.

El filtrado, aunque provisional, vuelve a frenar el acceso universal a un archivo destinado a sacudir la memoria colectiva del país. El asesinato el 22 de noviembre de 1963 del presidente Kennedy abrió una herida que jamás se ha cerrado. El magnicidio fue atribuido oficialmente a Lee Harvey Oswald, un desequilibrado exmarine que llegó a vivir y casarse en la Unión Soviética. Pero la dimensión del crimen y la casi inmediata muerte de su autor a manos del mafioso Jack Ruby han abonado todo tipo de teorías conspiratorias.

Aunque a lo largo de los años se han liberado 318.000 documentos relacionados con el caso (un 11% censurados), siempre ha quedado la duda sobre la actuación de la CIA. En plena Guerra Fría, la agencia se había implicado hasta el tuétano en operaciones de desestabilización exterior. Cuba y los movimientos marxistas latinoamericanos eran uno de sus principales objetivos. Amplios sectores de la CIA, radicalizados y volcados en oscuras conspiraciones, odiaban a Kennedy por lo que consideraban una relajación del cerco a Cuba tras el fracasado intento de invasión de Bahía Cochinos y la crisis de los misiles.

La forma de actuar de los servicios de inteligencia de la época es precisamente uno de los puntos sobre los que se espera que arrojen luz los documentos. Y no solo por sus juegos de poder. Los especialistas consideran que la CIA y el FBI sabían mucho más sobre Oswald de lo que dijeron a la Comisión Warren, encargada de la investigación del asesinato.

Lea además: Los misterios ocultos en los informes secretos del asesinato de Kennedy

Comunista, desertor y colérico, Oswald era objeto de un intenso seguimiento por parte de los servicios de seguridad. Incluso su misterioso viaje a México, dos meses antes del magnicidio, fue detectado por los espías de Estados Unidos. “Las agencias disponían de más datos de lo que dijeron; si hubieran actuado conforme a su información, podrían haber evitado lo peor”, sostiene Phil Shenon, autor de JFK. Caso Abierto.

Lee Harvey Oswald.
Lee Harvey Oswald

Esta omisión, que durante décadas ha perseguido a la CIA y el FBI, es uno de los platos fuertes de esta última tanda de documentos. Muchos aguardan que ahí figuren las revisiones internas a las que se sometieron y también que se revele intensidad de los seguimientos a Oswald, en especial su extraño periplo mexicano, donde infructuosamente acudió a las embajadas de Cuba y la URSS en busca de visado.

Pero más que nuevas claves sobre Oswald, lo que muestra una primera aproximación a los papeles es lo que todo el mundo sabía: Estados Unidos tenía en Latinoamérica su patio trasero. Hacía y deshacía. Mataba, intoxicaba y espiaba a placer. Un juego de poder sostenido y, en muchos casos aberrantes, que no le sirvió para evitar la muerte de su trigésimo quinto presidente.

En los informes liberados ayer por los Archivos Nacionales conviven, a primera vista, mucha chatarra informativa, memoriales desfasados, justificaciones de gastos e informes dispares junto con tramas ya conocidas de operaciones exteriores contra líderes que les eran incómodos. Veneno para matar a Fidel Castro, vuelos clandestinos a Cuba, cargamentos de armas destinados a liquidar a Leónidas Trujillo, espías en la embajada cubana de México, dinero negro en Costa Rica, colaboradores de la CIA en Honduras, El Salvador, Guatemala… Un manual del espionaje que practicó Estados Unidos en plena Guerra Fría y que promete dar en los próximos días nuevas sorpresas.

Redacción El País


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Mayra Soria26 octubre, 201714min780

El País._ El martes 1 de octubre de 1963 un hombre enjuto liquidó su cuenta en el hotel Comercio. Después de cuatro días completos en Ciudad de México no había logrado ningún resultado. Con expresión perdida, se dirigió a la terminal de Transportes del Norte y ahí tomó el asiento número 12 del autobús de línea 332. Eran las 8.30 cuando el vehículo partió. El billete marcaba como estación de término Nuevo Laredo, en la frontera con EEUU. Un destino que se le quedaba corto a ese estadounidense mal encarado que 53 días después mataría de un tiro en la cabeza al trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

La estancia de Lee Harvey Oswald en México encierra una de las grandes incógnitas del crimen que hizo temblar al siglo XX americano. Menospreciado al inicio de la investigación, el extraño viaje se ha vuelto con los años uno de los capítulos más intrigantes del caso. Los contactos del magnicida con agentes del KGB y diplomáticos cubanos en la capital mexicana han inspirado todo tipo de teorías conspirativas al tiempo que han mostrado el doble rasero de la inteligencia estadounidense.

Los pasos de Oswald fueron advertidos y seguidos por la CIA, pero los informes que detallan sus andanzas nunca han salido por completo a la luz. Pertenecen a ese secreto corpus de 3.100 documentos que el presidente Donald Trump ha ordenado liberar y que, si nada lo impide, va a sacudir los cimientos de la memoria colectiva estadounidense. “Son cables, correspondencia, memoriales, reportes, presupuestos, fotografías y grabaciones. En el caso de la CIA, sus documentos más importantes se refieren a operativos de agentes contrarios a Kennedy, inmersos en operaciones anticastristas”, explica el experto Jefferson Morley, antiguo periodista de The Washington Post y autor de El fantasma: la vida secreta del maestro de espías James Jesus Angleton.

Guardados en los Archivos Nacionales, los expedientes están blindados por una ley de 1992 que expira este jueves. Entre bastidores se sabe que la CIA está presionando para que no salgan a la luz. “La central está especialmente preocupada por los documentos de los años sesenta que se refieren a programas que aún seguían activos en los noventa y que podrían exponer a las redes de espionaje”, detalla el especialista Phil Shenon, autor de JFK. Caso Abierto. Junto a este temor, se oculta también un mecanismo de autodefensa ante la posibilidad de que emerja la incompetencia de las agencias de inteligencia.

La Comisión Warren, encargada de la investigación del magnicidio, concluyó que Oswald solo era objeto de revisiones rutinarias por el FBI y la CIA. Pero se trataba de una persona que el mismo jefe de contrainteligencia de la CIA, James Angleton, tenía bajo atención constante y cercana. Y es muy posible que los documentos arrojen luz sobre este interés nada rutinario”, indica Morley.

La Comisión Warren.
La Comisión Warren. | Foto: AP

“Los informes mostrarán que la CIA y el FBI sabían mucho más de Oswald que lo que contaron a la Comisión Warren. La historia oficial le dibuja como un lobo solitario cuya trama para matar a Kennedy nunca fue advertida. Pero las agencias disponían de más datos de lo que dijeron. Si hubieran actuado conforme a su información, posiblemente Oswald habría sido frenado antes de la llegada de Kennedy a Dallas”, explica Shenon.

Las omisiones de los servicios inteligencia van a ser la clave de los papeles. De la magnitud de este error darán cuenta las investigaciones internas a las que se sometieron las agencias, hasta ahora ocultas, pero también los seguimientos de Oswald en México. “Es el capítulo más importante y secreto del asesinato de Kennedy. El índice documental muestra que la estación de la CIA en México le tuvo bajo vigilancia. Y un informe desclasificado de 1966 revela que Oswald llegó a hablar abiertamente de matar a Kennedy en el consulado cubano. ¿Lo supo la CIA en tiempo real? ¿Informó de ello?”, se interroga Shenon.

Las respuestas pueden quedar enterradas otros 25 años. Todo dependerá del alcance final de la desclasificación. Pero los pasos de Oswald por México tienen, de momento, otra fuente. La Dirección Federal de Seguridad. La policía secreta mexicana. Bajo las órdenes de Fernando Gutiérrez Barrios, el mismo oficial que en 1956 detuvo a Fidel Castro y al Che Guevara, los agentes redactaron detallados informes e interrogaron a todos con quienes se había entrevistado.

Kennedy, momentos antes de los disparos.
Kennedy, momentos antes de los disparos.

La lectura de los documentos, depositados en el Archivo General de la Nación y a los que ha tenido acceso EL PAÍS, dan cuenta de la personalidad zigzagueante y herida de Oswald, un marine desertor, casado con una rusa y que tras un fracasado exilio en la Unión Soviética pretendía abandonar Texas y regresar a Moscú.

Para ello, haciéndose pasar por fotógrafo, cruzó el Río Bravo el 26 de septiembre de 1963. En un autobús Flecha Roja se dirigió a Ciudad de México. Veinte horas duró ese viaje y en ningún momento ocultó sus simpatías comunistas. A dos turistas australianos les habló de sus años en la URSS y les recomendó que se alojaran en el hotel Cuba. Él lo haría en el hotel Comercio, ubicado en la calle de Sahagún, colonia Guerrero.

Ya en la capital mexicana, lo primero que hizo fue dirigirse a la Embajada cubana. Allí solicitó un visado en tránsito para la URSS. Mostró su pasaporte, su antigua cédula de trabajo soviética, su documento marital y afirmó ser miembro del Partido Comunista de EEUU. La empleada que le atendió, Silvia Tirado de Durán, inició la tramitación y le requirió fotografías nuevas. Oswald salió a por ellas y, siempre según los documentos confidenciales mexicanos, aprovechó para acudir a la legación soviética, donde se entrevistó con dos agentes del KGB que actuaban como funcionarios consulares. Tras asegurarles que el FBI no le dejaba vivir, les expresó su deseo de obtener lo antes posible un visado. Cuando le explicaron la lentitud del proceso, Oswald estalló y con el rostro enrojecido espetó a uno de los rusos: “¡Esto va a terminar para mí en tragedia!”.

Posteriormente se encaminó a la Embajada cubana a entregar las fotografías. Ahí volvió a entrar en barrena al saber que sin la autorización soviética no podía conseguir el permiso cubano. Sus gritos hicieron que la secretaria Tirado llamase al cónsul para que tratase de calmarle. Fue en vano. Ante la actitud violenta del estadounidense, el diplomático se incendió y le anunció que no le concedería la visa.

Oswald, con 23 años, estaba en caída libre. Los que le vieron le describen como un hombre mal vestido, colérico y terco. Tanto que al día siguiente, regresó a la legación rusa. Era sábado y los funcionarios se preparaban para un partido de voleibol. En tono dramático insistió en que necesitaba el visado. Lloró, hizo saber que temía al FBI y sacó un revolver como muestra de que estaba amenazado. Lo dejó sobre una mesa. Un funcionario, con cuidado, lo descargó. Oswald, ante las negativas, se marchó quebrado.

Permiso de viaje a México de Oswald, con sella de entrada y salida.
Permiso de viaje a México de Oswald, con sello de entrada y salida

A partir de ahí el hilo se difumina. Se sabe que el domingo acudió a los toros, visitó museos y que el lunes fue a la Ciudad Universitaria en busca del apoyo de estudiantes castristas. De nada le valió.

Su último movimiento se registró la misma noche del lunes, cuando se le vio en una fiesta twist organizada por funcionarios cubanos. En la celebración, a la que acudió la escritora Elena Garro, exmujer de Octavio Paz, Oswald se encontró supuestamente con la empleada Silvia Durán con quien se ha llegado a concluir que tuvo una relación sentimental. Garro le recordaría después hablando con dos hombres junto a una chimenea.

A la mañana siguiente, a las 6.30, abandonó el hotel Comercial para volver a Estados Unidos. Casi ocho semanas después, el 22 de noviembre, mataría al presidente de Estados Unidos. Y a los dos días sería asesinado por el mafioso Jack Ruby.

A su espalda dejó un inmenso misterio. La investigación oficial estadounidense le apuntó como único culpable. Los interrogatorios mexicanos no hallaron ningún punto de quiebra. Pero las fuerzas de la DFS llegaban tarde y solo actuaron después del magnicidio. Antes, la estación local de la CIA había seguido los pasos a Oswald. Lo que vio, lo que informó, aún es secreto. Ahora puede dejar de serlo.

Redacción El País


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Maria Jose Toledo22 octubre, 20177min580

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el sábado que tiene la intención de permitir la publicación de documentos clasificados del gobierno sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy, “sujeto a la recepción de más información”. 

El tuit de Trump llega cuando se acerca el fin del plazo del 26 de octubre definido en la ley por el Congreso de Estados Unidos que ordena la difusión pública de los documentos todavía secretos, incluyendo los archivos del FBI y de la CIA, prohibiendo cualquier acción del presidente para bloquear la liberación de ciertos documentos.

“Sujeto a la recepción de más información, permitiré, como presidente, que se abran los largamente bloqueados ARCHIVOS JFK”, dijo Trump, dejando abierta aparentemente una posibilidad de que algunos documentos puedan seguir retenidos.

La Casa Blanca dijo en un comunicado a Politico a principios de esta semana que estaba trabajando “para asegurar que la máxima cantidad de información pueda ser liberada al público” para la fecha límite de la próxima semana.

El propio Trump no es ajeno a las controversias y teorías conspirativas que han rodeado al asesinato del 35 presidente de Estados Unidos.

Durante la campaña de 2016, Trump hizo el señalamiento infundado de que el padre de su rival republicano Ted Cruz estaba asociado al asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald, una acusación de la que nunca renegó ni se disculpó.

Historiadores que han estudiado el asunto no creen que los documentos lleven a ninguna nueva conclusión explosiva sobre el asesinato de Kennedy, pero los archivos podrían ofrecer más luz sobre algunas facetas de la investigación y de un misterioso viaje de Oswald a México semanas antes del crimen. Algunos han expresado preocupación porque los documentos resulten embarazosos para México y afecten las relaciones entre ese país y Estados Unidos.

John F. Kennedy.

Trump puede retener la publicación de ciertos documentos si cree que su liberación puede causar daño a la inteligencia de Estados Unidos, a sus agencias de seguridad, el ejército o las relaciones exteriores.

“No habrá ninguna prueba ahí”, dijo a CNN Gerald Posner, autor de “Caso Cerrado: Lee Harvey Oswald y el Asesinato de JFK”. “Pero si alguien cree que esto pondrá de cabeza el caso y que mostrará repentinamente que hubo tres o cuatro tiradores en Dealey Plaza, no es el caso”.



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