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Maria Jose Toledo19 enero, 20185min670

La inauguración de Fitur y la excelente evolución del mercado turístico durante 2017, a pesar de algunos graves obstáculos como la crisis política en Cataluña, ratifican que la industria turística se ha convertido en el principal motor de la reactivación de la economía española. También explica en parte las peculiaridades del mercado laboral español, puesto que el turismo es una actividad con fuerte influencia estacional y tendencia a utilizar la contratación temporal como fundamento de su actividad. La evolución del turismo presenta una trayectoria excepcional: durante 2017 llegaron a España 82 millones de visitantes extranjeros, un aumento espectacular en porcentaje (8,9%) y quinto récord consecutivo anual; los ingresos se han disparado hasta los 87.000 millones de euros y España se ha convertido en el segundo país del mundo en llegadas turísticas, por detrás de Francia. Caben pocas dudas de que sin esos cinco años turísticos excelentes, las tasas de crecimiento hubieran sido más bajas.

Las expectativas para 2018 son buenas, pero no están exentas de riesgos. El petróleo está subiendo, lo cual constituye una amenaza para los costes de los transportes. También hay que contar con que países con una intensa atracción turística, como Túnez, Turquía y Egipto, están retornando lentamente al mercado después de las penalizaciones sufridas por atentados o convulsiones políticas. Para España, el Brexit es un factor muy inquietante; puede dañar las entradas e ingresos en las comunidades de la costa mediterránea y las islas. Y, por supuesto, no ha sido despejada la incógnita Cataluña. No hay forma de evadir la evidencia de que el mantenimiento de tensiones independentistas deprime el mercado en Cataluña.

Estos riesgos se conocen y no hay más remedio que afrontarlos, puesto que es muy difícil actuar sobre sus causas. Lo que sí es posible es articular una política turística coherente que implique una regulación integral mínima del mercado. Tiene que existir una coordinación general entre las Administraciones públicas, para minimizar los efectos del boom turístico sobre las infraestructuras y los servicios de las ciudades. Esa coordinación tiene que ir desde la fijación de impuestos o tasas para compensar la externalidad negativa del turismo hasta los incentivos que merecen las empresas para avanzar en la digitalización, decisiva en la reducción de costes. Por otra parte, ¿no deberían los Gobiernos autónomos seguir el ejemplo de la comunidad balear, donde se han pactado subidas salariales significativas y avances en la estabilidad contractual para los trabajadores de las empresas turísticas?

Cuidar el mercado turístico no es sinónimo de renunciar a regularlo. Por el contrario, esa regulación permitirá renovar infraestructuras y servicios y facilitar así el crecimiento del mercado. A efectos macroeconómicos, no conviene olvidar que, en general, la terciarización de la economía reduce la productividad global del sistema; por eso es necesario incentivar el turismo de más calidad y concebir y estimular una política industrial. El turismo es fundamental, pero no es el único parámetro de política económica.

Redacción: El País


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Maria Jose Toledo18 enero, 20185min650

El aumento del precio del petróleo durante 2017 y su aceleración a finales del año y comienzos del actual son, por supuesto, buenas noticias. Tal vez el efecto más importante es el que tendrá sobre los ingresos del Gobierno, tanto por mayores dividendos de Ecopetrol como por los impuestos de renta de todas las empresas petroleras.

Debe contribuir, igualmente, a aumentar la inversión petrolera, con efectos positivos sobre la demanda interna, la actividad productiva y las reservas petroleras del país. También constituye, por supuesto, mayores ingresos de divisas y ayuda a disminuir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Pero debemos tener total claridad: el petróleo no es el futuro de la nación.
Primero, porque las reservas petroleras y los niveles actuales de inversión apenas dan para mantener la producción petrolera nacional.

Segundo, porque los factores que han permitido el repunte de los precios (el fuerte crecimiento esperado de la economía mundial y los problemas de producción de algunas naciones petroleras) no garantizan que la tendencia actual se mantenga por mucho tiempo, entre otras razones porque provocarán mayor producción de fuentes no convencionales (la fracturación hidráulica).

A más largo plazo, además, la demanda mundial de petróleo tendrá que disminuir para cumplir las metas mundiales de mitigación del cambio climático. La triple revolución tecnológica en torno al sector energético (automóviles eléctricos, generación de energía solar y eólica, y baterías de larga duración) también generará una reducción de la demanda de petróleo.

Pero, tercero, y aún más importante, porque Colombia tiene que apuntarle a una estructura productiva y exportadora mucho más diversificada y con mayor contenido tecnológico. La diversificación, tanto de sectores productivos como regional, fue, de hecho, una de las fortalezas históricas de Colombia que se debilitó como resultado de la fuerte revaluación del peso generada por el auge petrolero y minero de 2004-2014, en especial en 2010-2014.

Esto se refleja en varios datos. El crecimiento de la producción industrial del país entre 2007 y 2017 ha sido de menos del 1 % anual y, no obstante su repunte el año pasado, la agropecuaria apenas ha crecido un 2 % anual durante esa década. Las exportaciones no petroleras ni mineras comenzaron a aumentar de nuevo el año pasado, sin embargo se encuentran apenas en los niveles de 2008; y las de manufacturas, todavía por debajo.

Las exportaciones no petroleras ni mineras deberán ser una política de Estado para el próximo gobierno. Ellas deberán contribuir a la reactivación productiva, así como a la sostenibilidad del ajuste de la balanza de pagos, que todavía es incompleto.
Una política de ciencia y tecnología muy activa tendrá que ser un complemento esencial. Será necesaria para garantizar un aumento en la productividad de la economía y una mejora en la calidad de la canasta exportadora. También habrá que explorar las posibilidades de productos y exportaciones más intensivas en empleo, en especial las provenientes de las zonas de conflicto y, muy en particular, las que ofrezcan una alternativa a la siembra de coca.

El esfuerzo exportador debe tener una base amplia: tanto productos agropecuarios como manufacturas y servicios. Colombia ya está mostrando posibilidades interesantes en varios sectores, entre ellos las frutas y el cacao, los servicios de turismo y las consultorías internacionales, y algunos productos químicos en el sector manufacturero. Este es el verdadero futuro.

El aumento del precio del petróleo nos da un respiro en medio de un ajuste fiscal y externo todavía incompleto y de una reactivación todavía débil, pero el país lo debe tener claro: el petróleo no es el futuro.

JOSÉ ANTONIO OCAMPO

Redacción: El Tiempo


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Maria Jose Toledo18 enero, 20185min550

imeo danaos et dona ferentes (“Temo a los griegos hasta cuando hacen regalos”). Esta famosa frase de la Eneida ha enseñado durante siglos que las atenciones y detalles que tienen los gobernantes extranjeros con los propios pueden tener significados y consecuencias que van mucho más allá del objeto. En el caso de la Eneida,estaban más que justificadas las dudas expresadas por el sacerdote troyano Laocoonte ante un gigantesco caballo de madera plantado a las puertas de su ciudad como regalo de despedida de sus enemigos griegos. Quienes no sepan cómo acaba la cosa —y a la espera de que alguien haga una serie sobre el asunto— pueden consultarlo en el libro de Virgilio, un escritor romano con nombre de motor de búsqueda en Internet.

Por eso los Gobiernos son —o deberían ser— especialmente cuidadosos con los presentes que reciben de manos sus homólogos extranjeros. Algunos incluso hacen pública la lista anual, que como todas las listas permiten sacar algunas conclusiones —a esto ahora le llaman periodismo de datos— un poco más allá del hecho del regalo en sí. El Registro Federal de Estados Unidos acaba de hacer públicos los regalos recibidos durante 2016 por la familia del entonces presidente Barack Obama y aceptados para no hacer un feo al donante sin que esto signifique que los objetos terminaran en poder personal de la familia presidencial. Y hay cosas muy interesantes. Por ejemplo, el mandatario más generoso del mundo con el presidente de EE UU fue el rey de Marruecos. En cambio, abundan los del partido del puño cerrado que no es necesariamente el comunista. En España, mientras el rey Felipe VI obsequió una cuidada edición en inglés de El Quijote, Mariano Rajoy actuó como el español medio cuando tiene que hacer un regalo y le pilla en el hipermercado: jamón, que allí no tienen.

Latinoamérica es muy grande y diferente, algo de lo que en España no somos conscientes. Los regalos recibidos por Obama en 2016 ilustran las personalidades de quienes los realizaron. De 21 países, 14 no regalaron nada. Y no es una cuestión de tamaño o de ideología. No hay presentes registrados de Nicaragua, Venezuela o Ecuador, pero tampoco de Brasil, Chile o Uruguay. Lo de Puerto Rico tiene miga, porque su ausencia tiene algo de rebeldía, como el que se niega a felicitar el cumpleaños al jefe. Vista la respuesta de Washington ante el huracán María, hizo muy bien. Hay quien a veces regala una foto propia y el colombiano Juan Manuel Santos hizo algo parecido: un libro titulado Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz, estable y duradera. El argentino Mauricio Macri es más práctico: una bicicleta eléctrica. Desde Paraguay llegó un conjunto de lino blanco tejido a mano y un caballo de madera —ojo con Virgilio— desde Perú.

Mexicanos y cubanos demostraron dominar el arte del “pensé en ti” al regalar. Peña Nieto obsequió una moneda de plata grabada con el Gran Sello de Estados Unidos y Raúl Castro, un busto de Abraham Lincoln tallado en madera. ¿Lo mejor? El jamón, claro.

Redacción: El País


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Maria Jose Toledo17 enero, 20185min800

De todos los chascarrillos y anécdotas y observaciones que contiene el libro de Michael Wolff sobre Donald Trump en la Casa Blanca, y que la prensa adelantó poco antes de su publicación, llama la atención su obsesiva manía por proteger su intimidad. O con más precisión: la intimidad de su habitación (donde duerme solo). El presidente de la nación más poderosa del mundo, poco después de ser investido, se puso hecho un basilisco y echó un monumental bronca al servicio por haber recogido del suelo una camisa. Wolff es un periodista tan osado que puso ahí unas comillas. “Si mi camisa está en el suelo es porque quiero que esté en el suelo”.

Vaya usted a saber si la frase que pronunció Trump fue exactamente ésa. Sería bueno que hubiera manera de confirmarlo porque si lo dijo así, tal cual, es la frase que sirve para definir a un perfecto patán. No hace falta abundar mucho más.

Pero si Trump en realidad no se hubiera manifestado en esos términos, a quien terminaría retratando la tramposa utilización de semejante exabrupto es a Michael Wolff. ¿Cómo pudo saber que dijo exactamente esas palabras de patán asustado y desbordado por las circunstancias, con su punto de ataque de histeria, y con esas maneras chulescas y autoritarias, prepotentes? Veámoslo así: Wolff iba tranquilamente paseando por la Casa Blanca, se acercó a la puerta de la habitación de Trump y, vaya, justo en ese momento el presidente estaba echando una bronca. Apuntó en su libreta de notas: “Si mi camisa está en el suelo es porque quiero que esté en el suelo”.

Michael Wolff, hay que reconocerlo, estuvo en el lugar idóneo en el momento más oportuno. Porque lo que una gran mayoría de sus lectores quiere que le digan es precisamente eso, que Trump es un patán. Y, además, un patán caprichoso. Y turbio. Y fanático. Y machista. Y faltón. Un tanto infantil, medio trastornado, un perfecto inútil.

El gravísimo problema, no sólo para Estados Unidos sino para el mundo entero, es que ese patán caprichoso y perfecto inútil está en la Casa Blanca. Pueden, por supuesto, utilizar los calificativos que les resulten más adecuados para definir a Donald Trump. Y lo que todavía resulta, si cabe, mucho más grave es que no se vea por ninguna parte, un año después de su llegada a la presidencia, a ningún político que no solo critique sus desmanes sino que sostenga un proyecto distinto, otro discurso, otras maneras, otro proyecto de futuro. Trump puede ser un enorme patán, pero no parece que haya nadie que sepa combatirlo.

Desde que irrumpió en las primarias republicanas, Trump fue tratado como un monigote estruendoso. Y ahí sigue. “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”, se dice en el Macbeth, de Shakespeare. Trump ha sabido conectar con el ruido y la furia que habita en el cuento que viven muchos de los que lo han votado. Les prometió ser grandes y le han creído. Y no les importa que sea un gran patán.

Redacción: El País


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Maria Jose Toledo17 enero, 20185min630

Admirado futbolista y detestable defraudador, cada día algún tipo quiere ser como usted. Un ídolo de masas que gana millones por patear un balón, provocar y marcar goles, o intentar que su equipo no los encaje. Por salir guapo en la portada de una revista promocionando ricos perfumes o luciendo sexis calzoncillos. Pero a la vez, un estafador que no hace más que presumir del dinero que suma a su cuenta con lujosos coches, yates o mansiones, pero no tiene las agallas de alardear de lo poco que tributa por ello, porque casi siempre es menos de lo que debería.

Larga es la lista de los que, como tú –porque no mereces distinción en la forma de trato–, tienen dos caras: una amable y solidaria, y otra tan tacaña y mezquina. He intentado hacer un recopilatorio con los nombres de los futbolistas que han estafado a Hacienda en los últimos años, pero me han faltado folios para poder completarlo. ¡Y menos mal que no he querido extenderme a otros ámbitos deportivos, porque me quedaría también sin tinta!Así, voy a limitarme al último caso:

Ayer mismo se conoció que la Audiencia de Madrid ha reabierto la investigación judicial –iniciada hace justo un año, pero archivada poco después– que pesa sobre Xabi Alonso por un presunto fraude fiscal cometido entre 2010 y 2012, cuando jugaba en el Real Madrid. Un tiempo en el que había ingresado cinco millones de euros por sus derechos de imagen pero no habría tributado por ellos en ningún lugar del mundo.

Su caso fue de los primeros en salir a la palestra entre una serie de denuncias contra los también exmadridistas Ángel Di María, Ricardo Carvalho, Fabio Coentrao o Mesut Özil. El caso de Cristiano Ronaldo sigue en fase de investigación y, la pasada semana, Luca Modric y Marcelo tuvieron que abonar la cantidad que la Agencia Tributaria les pedía para evitar más problemas.

Los derechos de imagen fraudulentos perjudican el concepto tan ideal que se tiene de ellos

Estos nombres aparecen entre los de otros muchos (y de otros equipos) a los que la Fiscalía relaciona con esos derechos de imagen fraudulentos que al final no hacen más que perjudicar el concepto tan ideal que se tiene de ellos, el concepto que se tiene de ti. ¿Decepción?Sí. ¿Sorpresa? Ninguna.

Porque, como nos hizo saber Leo Messi, un futbolista no entiende de números ni de contratos, es ‘analfabeto’ en ese aspecto. ¿Verdad? Así lo expuso el argentino, que fue condenado el pasado julio a 21 meses de prisión: “Yo me dedicaba a jugar a fútbol. Confiaba en mi papá”.  

Esa ‘infantada’ le valió a Messi para eludir una pena mayor. ¿Harán lo mismo Xabi o los otros muchos supuestos defraudadores como tú?

Ávida por conocer la próxima excusa, Noelia Pérez.

Redacción: 20 minutos


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Maria Jose Toledo16 enero, 201812min540

Los nacionalistas y secesionistas juegan la batalla de las palabras, de imponer su marco desde hace décadas, porque las palabras son fundamentales para la transformación cultural, política y del poder con mayúsculas. En el constitucionalismo democrático se minusvaloró su importancia, por lo que los partidos tradicionales sufren una debilidad extrema en el País Vasco, Navarra o Cataluña. Son las ideas, estúpido, podríamos decirles, pero no parecen conscientes en el Gobierno popular del destrozo que les viene si sigue su embeleco con el Partido Nacionalista Vasco.

Al grano. El llamado desarme de ETA se celebró en el País Vasco francés a comienzos de abril del año pasado. Interesa poner el oído sobre lo que indicó Arnaldo Otegi. Señaló que había concluido una fase, “pero no los objetivos”. Para aclarar un poco el sentido de las palabras, en el estrado de las personalidades, Jesús María Zabarte, asesino múltiple, contestó a un periodista: “Yo no he asesinado a nadie. Yo he ejecutado. No me arrepiento y no sé el nombre de las víctimas”.

Otegi indicaba en Bayona: “Pondremos desde mañana encima de la mesa los temas que quedan pendientes: los presos, el reconocimiento de las víctimas y la desmilitarización del país“. Esto en argot sólo significa un juego de palabras para acercar a los presos de ETA al País Vasco. Lo demás, retórica. Si el Gobierno del Estado llega a traspasar la competencia de prisiones al Gobierno vasco, como desea el PNV, se facilitará el sendero hacia el crimen perfecto, porque las instituciones regionales llevan varios años fabricando una memoria que mezcla todo tipo de victimizaciones. El objetivo: que la responsabilidad de los etarras resulte menos visible, para borrar pistas de lo que el nacionalismo gobernante no hizo cuando perseguían a muerte a sus adversarios políticos y ellos seguían negociando cupos y privilegios con el Gobierno central.

La legalización del partido político de ETA se realizó con bastantes triquiñuelas que superan el espacio útil de estas líneas. Estaban vencidos operativamente, pero no se les obligó a la deslegitimación del terror y de su historia. Lo mollar desde el punto de vista de las ideas es que se aceptaba la condena de la violencia sobre el futuro, pero se aceptaba que no asumieran la condena política, ni responsabilidad social, histórica y política sobre décadas de acoso, extorsión y asesinatos. Porque no debe olvidar quien lea esto que el asesinato fue la punta del iceberg. Lo más escalofriante fue la expansión de la red de chivatos, cómplices y seguidores a cada rincón de la comunidad vasca y navarra generando silencio y miedo en todo el tejido social durante más de dos generaciones. En algunos espacios sociales o municipios, el control social de este mundo no se interrumpió ni con la ilegalización, que nunca llegó a ser completa.

El Gobierno popular ha ganado tiempo desde 2011 y ha impulsado tímidamente un memorial, un plan piloto de testimonios de víctimas en algunos centros escolares. Pero son instrumentos absolutamente insuficientes porque hace falta política, con dirigentes que no confundan su fatiga moral -comprensible en los políticos vascos y navarros- con el pragmatismo o con la generosidad.

El secretario general del PP de Guipúzcoa aún creía posible que los lobistas de ETA firmaran con el resto de grupos políticos de Zarauz un comunicado indicando que fue injusto y que no debió ocurrir el asesinato del joven concejal popular de la localidad Ramón Iruretagoyena hace 20 años. No lo hicieron, por supuesto.

Como consumados artistas de la manipulación, toman el pulso al ambiente sobre qué podrían sacar para los presos de ETA si “reconocen el daño causado” en el vacío, porque mantienen expectativas objetivas de poder terminar expandiendo entre la mayoría de vascos y navarros del futuro la misma retórica exculpatoria que el IRA coló en Irlanda del Norte.

Así son. La piel de cordero encaja mal a estos lobos. Un año antes de ser asesinado, Fernando Buesa habló en el Parlamento Vasco aludiendo a lo que entonces era la recién estrenada perversión del lenguaje por parte de Batasuna: un proceso de paz para remitir “el sufrimiento”. Con serenidad, Buesa indicó que lo que estaban haciendo era defender los derechos de ETA y les indicó que el verdadero conflicto vasco era la violencia contra los que no pensaban como ellos. El socialista finalizó su intervención señalando que “las víctimas deben ser nuestra preocupación porque la paz no se construye sobre el olvido”.

Fue uno de los más íntegros y valientes políticos de los últimos 40 años. Aquellas palabras siguen siendo de utilidad en los primeros compases del posterrorismo etarra. A los nacionalistas vascos no se les cae la palabra “sufrimiento” de la comisura de los labios para tapar a los perpetradores, para que no tengan que afrontar cabalmente la deslegitimación del terrorismo y de toda la estrategia de control social y acoso.

En el País Vasco se precisa afrontar con rigor el significado de lo sucedido, analizar lo pendiente para la reparación efectiva, erradicar el germen de la violencia que padecimos… Pero esto no será aceptado por Batasuna mientras al PNV le interese suavizar la memoria del pasado y mientras la Audiencia Nacional permita homenajes a los presos etarras, reforzando la codicia del largo plazo, no sólo de minimización de su responsabilidad, sino de imposición de su relato, su mirada, su justificación.

Hay gente que me suele preguntar cada año por qué tanta gente acudía a las manifestaciones pidiendo que nos mataran, cuando ETA asesinaba, y por qué los mismos -y algunos otros por coyuntura o despiste- piden ahora el acercamiento de los presos etarras a las cárceles del País Vasco. Suelo contestar que los políticos que les guiaron a cometer delitos tienen la obligación de ser lobistas, claro. Están los miles que pedían a ETA durante décadas que asesinara, y que ahora piden impunidad ya que necesitan tranquilizar su mala conciencia por embarcar a otros -que cumplen cárcel- en la maquinaria de acoso y asesinato. Y están los no pocos miles que actuaron como chivatos de ETA para señalar asesinatos, que nunca fueron detenidos. Éstos también piden para sí mismos, porque ellos sí saben lo que hicieron. Hay cientos de asesinos que nunca fueron detenidos o condenados. Éstos es posible que vayan a las manifestaciones con mayor motivo. Y están los amigos y familiares de los anteriores y de los presos etarras.

En sociedades postraumáticas, la apelación a recordar el pasado es constante. Pero, en realidad, desde los poderes regionales se pretende evocar un pasado vacío, atiborrado de historia, para tapar la historia de ETA, porque es lo que conviene a todo el nacionalismo vasco. Por eso la televisión pública vasca ofrece ahora un documental sobre los hijos de los etarras presos sin contar qué hicieron sus padres y no habla de los 20 niños que asesinó sin piedad la banda terrorista ni cuenta cuántos miles vivieron aterrorizados en casas cuartel, por ejemplo. La emoción compasiva tiene un objetivo político, que tal vez Moncloa no tiene tiempo de evaluar.

Los asesinos siguen siendo considerados héroes por una parte de la sociedad vasca y para los herederos políticos de ETA esto es lo más estratégico. De momento, le sirve la política del PNV según la cual todas las formas de victimación colectiva son comparables en el daño sufrido, en tanto que se omite la causa, para privatizar a la víctima de ETA, la gran coartada.

La exposición itinerante de los poderes vascos recordaba víctimas de la Guerra Civil y franquismo, violencia policial, GAL, ETA, sin voluntad de enmarcar y explicar. “Todo es nada y todos es nadie”, dijo Arregi en un artículo.

El olvido no significa reconciliación, ni la memoria significa necesariamente venganza. La convivencia no es amnesia del pasado, sino lectura crítica del mismo, en palabras de Echeburúa. Coincido con él. Desde la trampa y mentira de los lobistas de ETA y el oportunismo siempre electoral del Gobierno vasco seguirá podrido el pasado, serán sarcasmo las palabras melosas.

Redacción: El Mundo


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Maria Jose Toledo16 enero, 201810min660

Cataluña se dispone a inaugurar una nueva legislatura después de la celebración de las elecciones del 21-D. Los independentistas podrán gobernar pero no tienen, ni de lejos, una mayoría suficiente para romper con España. Porque Cataluña se ha dividido en dos mitades. Aunque los números no son nada condescendientes con el ilusionismo, son muchos los líderes políticos y sociales del independentismo que siguen hablando de lo que ha dicho, de lo que quiere o de lo que necesita Cataluña. No deberíamos dejarlo pasar, aunque resulte cansino refutarlo. Aquí, en nuestro país, pero, sobre todo, fuera, en Europa, por ejemplo. No vaya a ser que los números acaben olvidándose.

A medida que nos alejamos del día de las elecciones, los primeros análisis que, en general, tienden a dar cuenta más de las expectativas de los distintos partidos que de los verdaderos resultados, van dando paso a otros avalados por el contraste con la realidad. Muchos analistas se apresuraron después del 21-D a decir que las elecciones no habían servido para nada, que todo seguiría igual. No es cierto. Han cambiado muchas cosas, no solo en Cataluña, también en España; y más que van a cambiar. Examinemos algunas.

El Estado tuvo que recuperar la normalidad constitucional en Cataluña, aplicando el artículo 155, porque el anterior Govern, hoy cesado, decidió incumplir las leyes. Se han celebrado unas elecciones libres, que van a dar paso a la constitución de una cámara que elegirá un president del Govern. No tengo ninguna duda de que todos esos trámites se van a desarrollar siguiendo las normas en vigor: el Estatut y el Reglamento del Parlament. Y de que si a alguien se le ocurre apuntar alguna solución imaginativa para investir a quien no está en condiciones legales de serlo, será la propia Mesa del Parlament, los letrados que la asesoran y, si llega el caso, el Tribunal Constitucional, los que se encargarán de impedirlo.

Esta vez tanto los que votaron con ilusión como con miedo lo han hecho con los dientes apretados

Por mucho que se desgañite la CUP y mucha aquiescencia de Puigdemont que consiga en sus visitas bruselenses, lo cierto es que la vía unilateral de llegada a la independencia está definitivamente cegada. Las distintas actuaciones judiciales permiten asegurar que los sucesos que se desencadenaron durante las tumultuosas sesiones del 6 y 7 de septiembre en el Parlamento de Cataluña no se van a volver a producir. El unilateralismo ha muerto y con él las tentaciones de saltarse la ley. Recordar la vigencia del Estado de derecho a un Gobierno utilizando el Código Penal no es lo más deseable, pero, ya lo mencioné antes: la responsabilidad es de quien se salta la ley, no de aquel que se limita a hacerla cumplir.

Dos millones de ciudadanos han vuelto a votar a favor de la independencia. Otros tantos lo han hecho en contra. Nadie ha cambiado de bando y nadie ha dejado de ir a votar. Hace dos años unos votaban con ilusión y los otros con miedo. Esta vez, los primeros han votado con los dientes apretados y los segundos también. Es lo que tienen las elecciones fuertemente polarizadas. Estoy seguro de que hay ciudadanos que han votado a partidos independentistas aun sabiendo que sus líderes no lo han hecho bien, conscientes de las infinitas dificultades del proyecto y, sobre todo, conociendo sus negativas consecuencias. Pero da igual, los míos son los míos y están en la cárcel por pensar como yo, han razonado antes de ir a votar. Los constitucionalistas, la otra mitad, han ido a las urnas pero, sobre todo, se han manifestado juntos, masivamente, y eso ha permitido que tomen conciencia de su fuerza. Quien crea que se van a volver a sus casas, sin más, se equivocan. Y este es un gran cambio en el panorama político catalán.

Han bastado pocas semanas para que se ponga claramente de manifiesto algo que ya sabíamos: que los dos pretendidos bloques —independentistas y constitucionalistas— distan mucho de ser homogéneos. Los primeros son tres partidos, en realidad cuatro. La CUP, ERC, el PDeCAT y, el más imprevisible de todos ellos, Puigdemont y los suyos. Sus resultados han sido dispares: unos han ganado y otros han perdido. Y, sobre todo, sus estrategias, empezando por sus candidatos para ocupar la presidencia de la Generalitat, son también diferentes. Llegarán a un acuerdo: los costes de no hacerlo y forzar unas nuevas elecciones son muy elevados y, sobre todo, las ventajas de volver a gobernar son muy grandes. Pero el independentismo tiene diferentes líneas de fractura. Es cierto que mientras la justicia siga actuando, y va a ser así durante bastante tiempo, seguirán utilizando las decisiones de los tribunales como elemento de cohesión; pero las diferencias estratégicas van a seguir existiendo y reaparecerán en esta legislatura, que no va a ser como la anterior.

La reforma de la Constitución es ahora más difícil que hace algunas semanas.

Otro tanto cabe apuntar del otro “bloque”, el llamado constitucionalista. Los tres partidos que lo integran se oponen a la independencia de Cataluña, defienden la Constitución de 1978. Lo que pasa es que para uno, el PSC, la mejor forma de defenderla es reformándola, el PP no quiere tocarla y Ciudadanos, depende. Estos últimos han ganado las elecciones sin tener que precisar su programa: les ha bastado con afirmar una y otra vez que, a diferencia del PP y del PSOE, ellos nunca han pactado con los nacionalistas. O dicho de otra forma, por aparecer como los más antinacionalistas. Los tres partidos de este “bloque” tienen además intereses nacionales contradictorios. Y aquí también Ciudadanos tiene en estos momentos mucho que ganar. Ha encontrado en este problema territorial la forma de entrar en el electorado del PP y, en menor medida, en el del PSOE que, parafraseando a Mao, preocupado por su adversario principal puede estar olvidando al secundario.

En definitiva, no hay muchos elementos ni en la política catalana ni en la española que apunten a corto plazo en la dirección del diálogo que parecería aconsejar la situación en la que han quedado las cosas después de las elecciones del 21-D. De hecho, hay quien ha hablado de la cronificación del conflicto. Mala cosa, desde luego para la convivencia en Cataluña; también para las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Yo no creo que el independentismo haya salido fortalecido de estas elecciones. Su proyecto político sigue vivo aunque, como acabo de exponer, las diferencias entre quienes lo defienden son grandes y su inconsistencia es hoy evidente incluso entre sus propios votantes. Pero en el otro bloque las discrepancias son de fondo; de hecho, no hay una propuesta compartida. Y esa sigue siendo la tarea pendiente del llamado “constitucionalismo”: elaborar un proyecto político nuevo para España, que resulte atractivo para una mayoría de españoles, también de catalanes. Un nuevo pacto territorial contenido en una reforma de nuestra Constitución que, ya lo sé, hoy se antoja aún más difícil que hace algunas semanas. Esta es otra consecuencia del resultado electoral.

Redacción: El País


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Maria Jose Toledo15 enero, 20187min720

Arranca el nuevo año y con estos nuevos días llegan una serie de desafíos en el plano económico que, desde el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), recibimos como una oportunidad para seguir consolidando un ecosistema digital más robusto y eficiente, que ayude a impactar en la gran mayoría de la gente en todas las regiones.

Para insertar a Colombia en las grandes ligas de los mercados globales, no solo es necesario, sino además una obligación, garantizar las condiciones que requieren los diferentes sectores productivos para afrontar los desafíos de la economía digital. Con el ‘Plan vive digital para la gente’, vamos a avanzar en este 2018 por esos vericuetos que nos permitirán llegar hasta buen puerto.

Es indispensable consolidar una industria TI de talla mundial para posicionarla en los mercados internacionales. La meta para el 2018 es facturar un total de $ 17,7 billones de pesos en ventas, para aumentar así la cifra del año anterior, que fue de $ 13,5 billones ‒que representaron 1,53 % del Producto Interno Bruto‒. Pero ¿cómo lograrlo? Generando en nuestros empresarios TI las habilidades para ser más competitivos en el plano global, sin olvidar aspectos de responsabilidad social que empujen a los creadores de ‘software’ a desarrollar soluciones tecnológicas para los sectores agro, salud y turismo.

Si más colombianos aportan con sus ideas e ingenio a la economía del país, Colombia dará el salto de calidad requerido para estar a la altura de los grandes competidores.

Apoyar el emprendimiento también será una prioridad. A través de Apps.co tenemos la misión de ayudar a más de 400 nuevos proyectos de base TI, y acompañar a 150 empresas emergentes para consolidar sus productos en los mercados interno y externo, este último el más duro de conquistar, pero por ello el más interesante.

Todo lo anterior será posible en la medida en que, desde el MinTIC, sigamos incentivando un semillero de talentos TI. Por eso desde el programa Talento TI buscamos disminuir la brecha de profesionales del sector, en un rango del 62 por ciento, más si se tiene en cuenta que actualmente hay un déficit de 45.520 profesionales. Bajar esa cifra a 35.504 profesionales, garantiza más capital humano, y por ende, se incentivará el crecimiento del ecosistema digital.

Si más colombianos aportan con sus ideas e ingenio a la economía del país, Colombia dará el salto de calidad requerido para estar a la altura de los grandes competidores. Este será, por tanto, el año de la innovación: se implementará, como nunca antes, el uso, apropiación e investigación de tecnologías emergentes como internet de las cosas (IoT), inteligencia artificial y analítica de datos, tendencia mundial en la modernización y transformación de los sectores productivos. Quiero anunciar desde ya, que en los próximos meses inauguramos el Centro en Inteligencia Artificial Aplicada, el primero de su tipo en el país.

Pero la economía digital va más allá de los grandes emprendimientos y desarrollos de la industria TI. También está presente en la cotidianidad de la gran mayoría de colombianos que trabajan desde sus negocios o empleos, que están en las ciudades y municipios jalonando la economía de sus regiones. Para ello estamos terminando de desplegar la infraestructura que, al finalizar este Gobierno, convertirá a Colombia en uno de los países del continente con mayor cobertura. Uno de mis objetivos, desde que asumí como ministro TIC, fue finalizar la instalación de la red de alta velocidad, y este año completaremos el 100 por ciento de municipios conectados, así como una amplia red de 900 Puntos Vive Digital, 7.000 Kioscos Vive Digital, y más de mil Zonas WiFi Gratis para la Gente.

Quiero destacar también la llegada de la tecnología 4G a un total de 1.000 municipios del país, para ofrecer mejor calidad y velocidad de conexión en los datos móviles. Una labor que realizamos en conjunto con los operadores que prestan sus servicios en territorio nacional.

En cuanto al espectro, ese bien intangible de la Nación que no vemos pero está siempre presente en nuestras vidas, tendrá una asignación de la banda de 700 MHz para aumentar el acceso a internet móvil, y ampliar la cobertura y servicios.

Ese será nuestro mapa de ruta que, de avanzar de acuerdo con nuestro cronograma y planes estratégicos, harán del 2018 el año en que Colombia consolidó su avance por la senda de la economía digital.

DAVID LUNA
*Ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

Redacción: El Tiempo


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Maria Jose Toledo15 enero, 20184min740

La industria petrolera recibió un rudo golpe con la caída de los precios del crudo, los cuales alcanzaron a rondar los USD24 a finales de enero de 2016, tardó en reaccionar y ello desalentó la actividad petrolera en todo el mundo y Colombia, que cumple el 29 abril de 2018 cien años desde que se perforó el primer pozo productor de hidrocarburos, Infantas No. 2, que no fue la excepción.

Posteriormente vendría una lenta recuperación aupada por el viraje de la OPEP, que cambió su estrategia de mantener su producción al tope y desde noviembre de 2016 tomó la determinación, en alianza con otro gran productor no miembro del cartel como lo es Rusia, de recortar la producción en 1,8 millones de barriles diarios para tratar de detener la caída de los precios. Y en parte lo han logrado, lo cual los ha llevado a prorrogar hasta finales de 2018 dicho acuerdo. Así lograron que el precio subiera un 82% entre enero de 2016 y enero de 2017 y arrancó el 2018 al alza, al cotizarse el día 3 de enero en USD61,81 el WTI y USD67,92 el Brent.

Si bien el susodicho recorte, la interrupción de suministros por distintos eventos imprevistos, amén de la caída temporal de producción e inventarios en EEUU y la perspectiva que favorece un crecimiento de la demanda que beneficia el aumento de los precios, hay varios factores que conspiran contra la tendencia alcista de los precios. El principal de ellos es la agresividad de la política energética de Donald Trump al “eliminar las restricciones sobre la energía estadounidense y permitir que esta riqueza llegue a nuestras comunidades”.

Después de una caída de la actividad petrolera, según fuentes de la ACP se espera que en el 2018 las inversiones de esta industria fluctuarán entre los USD4.500 millones y USD4.900 millones, 45 % mayor que en 2017, enfocadas fundamentalmente a la exploración y extracción de crudos. Ello permite augurar que este sea el año de la recuperación de esta industria. Resulta estimulante registrar que el número de taladros en los frentes de la actividad exploratoria ha aumentado sensiblemente, estamos hablando de 111 equipos, 70 equipos más que en octubre de 2016.

La única manera de detener la caída de la producción y sostener un platteau mayor de los 840.000 barriles, que es la nueva meta para 2018 según el Plan Financiero 2018, es reponiendo y acrecentando las reservas probadas y en ese sentido la nueva frontera para lograrlo está en la apuesta por la exploración offshore, en donde Ecopetrol ya se ha anotado los primeros éxitos y en los yacimientos no convencionales, desde donde solo se pueden extraer las reservas de crudo y/o gas utilizando la controvertida tecnología de la estimulación hidráulica. Según estimativos de la ACP y Ecopetrol allí hay un potencial entre 3.000 y 5.000 millones de barriles, con lo cual se podría ampliar el horizonte de la autosuficiencia entre 8 y 12 años más.

Redacción: El Heraldo


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Maria Jose Toledo12 enero, 201817min840

Esperar que Trump actúe en el interés de Estados Unidos, es como pedir a tu gato que lave los platos”, ironiza Michelle Goldberg en The New York Times. La columnista, al igual que la mayoría de los editorialistas de la prensa internacional, no está sorprendida por las revelaciones que contiene Fire and Fury: Inside the Trump White House, del periodista Michael Wolff. La obra de Wolff solo confirma lo que ya se intuía tras un año de presidencia Trump: el inquilino de la Casa Blanca sufre desorden mental y es inapto para gobernar.

El retrato que hace el periodista del magnate es el de un jefe de Estado ignorante, megalómano, agresivo con sus colaboradores —que lo consideran un auténtico “idiota”—, convencido de que alimentarse con hamburguesas de Mc Donald le evitará ser envenenado. En otras palabras, la de una persona cuya capacidad para gobernar la primera potencia mundial es, sin duda, cuestionable. Un hombre peligroso que, lejos de ser un genio, está socavando la función presidencial y aislando cada vez más a Estados Unidos en la escena internacional. Aunque los comentaristas coinciden en el diagnóstico, sin embargo, discrepan sobre la ética periodística de Wolff, “brillante” para unos, “bribón” y “sensacionalista” para otros.

La peligrosa inestabilidad mental del presidente

Como era de esperar, los columnistas de The New York Times son los más críticos con el magnate. “No soy médico”, escribe Charles M.Blow, pero “mentiría si no reconociera que algunos comportamientos del presidente cuadran con los síntomas de una persona que sufre desorden mental”. Para Blow, que Trump haya conseguido construir un imperio financiero no implica que sea un genio o esté dotado de inteligencia. Pero que el presidente de EE UU no sea particularmente inteligente no es lo más preocupante, recalca el columnista. “Mientras su inestabilidad mental si lo es, y ese es nuestro mayor problema: la persona al mando del país es impetuosa, frágil, hostil, irracional, intencionalmente desinformada, y semi analfabeta”. Pero la culpa, según Blow, también la tienen los republicanos y los miembros de la administración Trump por no velar por los intereses de la nación al “defender, excusar, proteger y absolver un hombre cuyo comportamiento está causando un daño irreparable”. Por su parte, el columnista conservador Ross Douthat estima que “la gran pregunta” es sobre todo “organizacional y psicológica: ¿Será su entorno capaz de impedir que su falta de preparación genere calamidades históricas?”.

En la misma línea que The New York Times, Jonathan Freeland de The Guardian, valora las escenas que se relatan en la obra como pruebas suficientes para confirmar la incapacidad de Trump para dirigir el país: “Las últimas revelaciones demuestran —otra vez— cómo de vil, narcisista y peligroso es el hombre que ocupa el despacho oval, el cual, entre otras cosas, posee una autoridad total sobre el arsenal nuclear más poderoso del mundo”. Freeland se muestra también preocupado por la reacción del Partido Republicano, al que acusa de “connivencia” con la situación caótica que se vive en la Casa Blanca. Antes de denunciar el contenido del libro, muchos republicanos, según comenta el autor, solo se han mostrado complacidos con la caída de Steve Bannon y su enfrentamiento con Trump, que aleja al mandatario del radicalismo y lo acerca a la facción más moderada del partido. Para el columnista Matthew d’Ancona, la Casa Blanca que retrata Wolff se asemeja a la corte de un monarca medieval enloquecido. El “brillante” libro de Wolff, según d´Ancona, —que trabajó en el pasado con el periodista norteamericano— rinde un “importante servicio democrático” al país al anular definitivamente la ridícula percepción que Trump sería “normalizado” al alcanzar la presidencia.

Para el escritor italiano y columnista de La Repubblica, Vittorio Zucconi, no cabe duda de que el “Rey Donald está loco” y que estamos presenciando una tragedia shakespeariana en toda regla. Tras la publicación del libro, “Trump ha acudido inmediatamente a su terapeuta, su salvavidas personal siempre que se siente alterado: Twitter”, ironiza el periodista, y quizá, subraya, esa reacción es lo que realmente debería preocuparnos, ya que solo una persona con “serios problemas de salud mental” puede actuar de esta forma. Además, si Trump realmente fuera un genio, no necesitaría clamarlo en las redes sociales. No cabe olvidar que el magnate tiene a su disposición el botón rojo más grande del mundo, advierte: “Porqué así se lo dijo a Kim Jong-un: mi botón es más grande que el tuyo”.

“El libro de Wolff tendría que haberse titulado: Farsa y fantasía: las artimañas de la Casa Blanca”, escribe el columnista de Al Jazeera, Marwan Bishara. La obra, que según el autor se lee como una novela trash, podría incluso ser hilarante si no fuera aterradora. Trump, “con sus continuos arrebatos públicos, sus vulgares y engañosos tuits, y, lo más importante, su incompetencia” está socavando la función presidencial. Según el periodista, su respuesta, en la que ataca tanto al autor como a las fuentes con términos de los más infames y despreciables, desacredita aún más al presidente cuya “locura e incompetencia”, sobre todo en el plano diplomático, tiene consecuencias más allá de las fronteras norteamericanas. “El desastre es global”, señala Bishara, tras citar el ejemplo de la ola de violencia desatada por la decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Un presidente no puede tomar decisiones tan importantes basándose en los consejos de los miembros de su familia, denuncia el autor, centrando en el foco de su crítica la influencia de la pareja formada por su hija Ivanka Trump y su marido Jared Kushner, ambos de confesión judía y sionistas asumidos.

Una lectura imprescindible, a pesar de Wolff

“Nada mejor que un bribón para capturar a otro bribón, y Michael Wolff con su último libro, es seguramente el tramposo más indicado para pillar al presidente Trump”, escribe Virginia Heffernan en The Los Angeles Times, haciéndose eco de las numerosas críticas suscitadas por “el método Wolff”. Heffernan recuerda que el periodista ha sido acusado en repetidas ocasiones de inventarse los hechos y que en el caso de Fire and Fury, tanto el uso de artimañas heredadas del periodismo sensacionalista del siglo XX como la dramatización de los diálogos “que parecen haber sido escritos para Netflix”, son más que claros. Pero, ¿a quién le importa?”, se pregunta Heffernan. “Wolff es desagradable, sí. Juega según sus propias reglas. Qué sorpresa. Nadie que sea amable o que cumpla con las reglas hubiera podido aguantar ese repugnante equipo —Murdoch, Bannon, Roger Ailes, o por caridad, al propio Trump— lo suficiente para poder sacar a la luz esta historia”. Pese a las críticas, y debido a que el mundo se encuentra a la merced de Trump, “haríamos bien en escuchar su discurso fétido de vestuario, recogido por un escritor capaz de soportarlo”, matiza Heffernan.

Un punto de vista que comparte Financial Times, que, a pesar de calificar, en su editorial, el libro de “sensacionalista” y poner en duda la veracidad de algunas de las anécdotas que contiene, considera “el poder de Fire and Fury real”. “El relato es cautivador precisamente “porque es coherente con todo lo que se ha visto de la administración Trump hasta ahora”, explica FT que percibe las amenazas de Trump de demandar la editorial como una prueba más de que Wolff ha dado en el clavo. El simple hecho que un periodista haya sido autorizado a entrar en la Casa Blanca, sin la mínima supervisión, demuestra la ineptitud del magnate.

Un linchamiento mediático injusto

Opinión minoritaria dentro de las reacciones suscitadas por el libro de Wolff, y probablemente compartida por el propio Trump y sus seguidores, para Maxime Tandonnet, historiador y ensayista, Fire and Fury no es más que la “apoteosis del linchamiento mediático, especialmente en boga en los tiempos que corren”. Su tribuna, publicada en el diario Le Figaro, es una crítica abierta de una obra que según él se centra en la vida privada, la intimidad del mandatario y no en lo que realmente debería importar a los observadores del mundo político: su acción. “Este libro convierte al presidente en chivo expiatorio. No habla del jefe de Estado sino de su maldito reflejo, el hombre a vencer”, estima el que fue consejero del expresidente conservador Nicolas Sarkozy.

Los opinadores serían, a su parecer, incapaces de reconocer el impacto positivo de las políticas conducidas por el inquilino de la Casa Blanca: “¿A quién se le ocurriría rendir homenaje a Trump y Putin por sus victorias sobre la barbarie del ISIS?”, se pregunta Tandonnet recordando que bajo las presidencias de George Bush hijo y de Barack Obama, Oriente Próximo “se vio sumido en el caos”. Es mucho más fácil, recalca el politólogo, tachar al magnate de demente que de criticar, por bien o por mal, el fondo de su política. Más allá del linchamiento mediático que sufriría injustamente Trump, lo que indigna al autor es la personalización extrema del ejercicio del poder, “ese culto narcisista de la imagen, de las pequeñas frases polémicas” que limitan la política a una exaltación de la idolatría o del desprecio odioso.

Redacción: El País



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