Donald Trump se estrella contra el muro del voto femenino

RTW2419 octubre, 20167min1420

Washington 17 OCT 2016

Si en Estados Unidos sólo votasen los hombres, como ocurría hasta 1920, el republicano Donald Trump sería el próximo presidente. La victoria sería aplastante e inapelable. Si sólo votasen las mujeres, Hillary Clinton ganaría con facilidad. La división por sexos a la hora de votar no es nueva, pero se ha acentuado en la campaña para las elecciones del 8 de noviembre, la primera en la que una mujer está en condiciones de llegar a la Casa Blanca. Las acusaciones por agresión sexual contra Trump, y sus comentarios machistas, han dañado sus aspiraciones.

La sucesión de testimonios sobre el comportamiento sexista y quizá delictivo de Trump ha ido en paralelo, en la última semana, con un goteo de sondeos que reflejan una ventaja cada vez más sólida de Clinton. La demócrata aventaja con un 5,5% al republicano, según la media que elabora la publicación Real Clear Politics. Los sondeos publicados el domingo por The Washington Post y The Wall Street Journal confirmar la tendencia.

Si Trump no amplía sus apoyos más allá de la base de republicanos fieles, lo tendrá difícil para ganar. Es posible, como ha escrito Nate Silver, el especialista en estadística que dirige la publicación 538, que “las mujeres estén derrotando a Donald Trump”.

Los sondeos dibujan dos países distintos en función de si se observa el voto masculino o el femenino. Clinton saca una ventaja media de 15 puntos sobre Trump entre las mujeres, casi el doble de la que el presidente Barack Obama le sacó a su rival republicano Mitt Romney en las elecciones presidenciales de 2012. Entre los hombres, Trump obtiene 5 puntos más que Clinton. Romney le sacó siete a Obama.

“Sin fanfarria, casi en silencio, América se ha convertido en feminocéntrica, y esto ha alcanzado su máxima expresión en la primera década del siglo XXI. Una mayoría no silenciosa de mujeres —desde jubiladas a miembros del baby boom a las generaciones X e Y— afrontan el desafío singular de remodelar la nación a su imagen, y al hacerlo están sacudiendo a cultura en su núcleo”, escribieron hace una década las estrategas electorales Celinda Lake y Kellyanne Conway en el libro What women really want (Qué quieren de verdad las mujeres). Conway es hoy la mano derecha de Trump y día a día la realidad que describía en el libro es su principal problema.

Hombres y mujeres votan distinto en las presidenciales desde 1980, pero la ventaja de Clinton sobre Trump en el voto femenino supera los precedentes y puede acabar siendo la clave del resultado en noviembre. Si sólo votasen las mujeres, la demócrata lograría 458 de los 538 votos electorales en juego, y el republicano 80 (cada estado tiene asignado un número determinado de votos electorales: quien obtiene 270 o más es presidente).

Según el sondeo de The Washington Post, Clinton aventaja a Trump entre el segmento clave de las mujeres blancas con título universitario, grupo que optó abrumadoramente por Romney hace cuatro años. Que, entre las mujeres blancas sin título universitario, Trump siga siendo el favorito muestra que la división no es sólo de género, sino también de clase social y nivel educativo.

La difusión de una grabación de hace 11 años con comentarios lascivos de Trump y la avalancha de mujeres que han revelado episodios pasados de acoso sexual por parte de Trump agrava su problema con el voto femenino. El machismo —y no las declaraciones contra los inmigrantes hispanos ni los planes para discriminar a los musulmanes— puede acabar siendo el muro en el que se estrellen sus ambiciones.

Los musulmanes representan un 1% de la población de EE UU. Los hispanos, un 17%. Las mujeres representan el 53% de votantes y, ya en pasadas elecciones presidenciales, algunos comentarios desafortunados —mucho más suaves que los de Trump ahora— costaron un precio a los candidatos que los pronunciaban.

Hace cuatro años Romney dijo que, al buscar personas para su gabinete cuando era gobernador de Massachusetts, le presentaron “carpetas llenas de mujeres”. Se refería a las listas de candidatas. Estalló un pequeño escándalo: parecía que las convirtiese en objeto. El incidente fue una minucia al lado la grabación de Trump donde alardea de su capacidad para agarrar impunemente los genitales de las mujeres, una frase que él defiende como típica bravuconada de vestuario deportivo, pero que se ha interpretado como una incitación a la agresión sexual.trump mujeres

La defensa del actual candidato republicano ante las mujeres que dicen haber sido acosadas por él ha consistido en denigrarlas —incluso en el aspecto físico— y aludir a conspiraciones internacionales para destruir su campaña y amañar las elecciones.

Tomado de internacional.elpais.com, escrito por MARC BASSETS

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/16/estados_unidos/1476635823_558095.html

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